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Ha sido descubierto el paradero del “Quinteto clásico de viento”

Reproducimos, a continuación, una sensacional noticia publicada en el “Faro de Vigo”.

P. Bambues, corresponsal de este diario en la villa de Foz, ha culminado una paciente labor de investigación que ha dado como fruto el descubrimiento del retiro en que se habían recluido los componentes del mundialmente aclamado “Quinteto Clásico de Viento”.

Como se sabe, el Quinteto desapareció sin dejar rastro a últimos de junio, tras su actuación en el Teatro Real de Viena comentada en términos sumamente elogiosos por los principales críticos musicales de todo el mundo.

Bambues, siguiendo una tenue pista, comprobó que el “Quinteto” había realizado pruebas de grabación en unos estudios que, aunque situados en Foz, pertenecen a una multinacional inglesa. Dichas pruebas corresponden a “Muñeira Astur”, la más reciente composición de la famosa agrupación musical.

El “Quinteto Clásico” se encuentra en Fazouro, pequeña localidad a las afueras de Foz. Allí, en la lujosísima residencia “El Descanso”, se han dado los últimos retoques a la “Muñeira Astur”.

Como curiosidad, y antes de recordarles los nombres de cada uno de los componentes de esta asociación artística, descubriremos una de sus curiosas costumbres: sólo uno de ellos ensaya de día, preferentemente tan pronto da cuenta de su ligera comida. El grupo realiza los ensayos, individuales y de conjunto, de doce de la noche a diez de la mañana. Diez horas diarias de intenso trabajo les asegura un perfecto acoplamiento, una seguridad y un virtuosismo reconocido por la élite de la melomanía de dos continentes.

Al frente del “Quinteto”, su veterana directora, Soledad Rascón, consigue del corno inglés acentos insospechados de conmovedor patetismo.

Una solista, Elvira Martín, logra del fagot matices de aterciopelada brillantez.

Otra solista, Eugenia Mies, arranca de su trompeta de varas acordes de una sonoridad y belleza indescriptibles.

Con la trompa, Luis Martín, el inolvidable solista de la Banda Militar de Cazadores de Montaña, de guarnición en Jaca, da un rotundo mentís a quienes sostienen que este instrumento ofrece pocas posibilidades.

Y, finalmente, Pedro Martínez obtiene el máximo partido del trombón. Sus notas estremecedoras son un verdadero huracán de armonía. Sin pasarse nunca, sus interpretaciones tienen un sello personal, una fuerza, apasionamiento y entrega que lo hacen único.

Los aficionados a la buena música, con mayúsculas, están de enhorabuena. Muy pronto va a estar a su disposición, tanto en disco como en casete, lo que, estamos seguros, ha de ser el mayor éxito musical de los últimos tiempos, la “Muñeira Astur”, una auténtica obra de arte.

Pedro Martínez Rayón. Foz, 1986

Teoría del ronquido. Tipología del roncante

Según el diccionario médico, el ronquido es el ruido que se hace al roncar. La misma fuente de ciencia define esto último como: hacer un ruido ronco con el resuello mientras se duerme.

Sin embargo, esta definición es, como casi todas, algo muy frío, poco aclaratorio y que puede dejar un tanto a oscuras a quienes no hayan escuchado personalmente ese ronquido especial y exasperante cruce de estertor, gruñido y cloqueo.

Para cuantos, afortunados mortales, no hayan sufrido una o varias noches de conexión involuntaria con un emisor de ronquidos, van estas líneas con las que no pretendo ni dilucidar su origen ni sugerir remedios para su definitiva erradicación.

Aquí no encontrará usted otra cosa que una modesta clasificación sin la menor presunción de estar sentando cátedra.

Y, sin más preámbulos, ahí van una cuantas variedades de ronquido y algunos datos acerca de sus humanos difusores:

  1. El ibicenco o “ad libitum”

Es un ronquido que se distingue por su desprecio total de las pautas y reglas observadas en otros más conservadores. Las subidas y bajadas de volumen alternan constantemente con cambios de tono, del agudo al grave, sin decidirse nunca por actuar en plan tenor, barítono o bajo.

Los tipo humanos correspondientes que nos dan la “murga” con este ronquido son los apáticos, los abúlicos y en general quienes carecen de opiniones firmes.

  1. El serrucho

Se caracteriza por la emisión encadenada de agudos-graves de igual intensidad y duración aunque con mayor apoyadura en los agudos.

Roncan en clave “serrucho” las personas dotadas de sólida formación musical y, especialmente, los aficionados a la ópera.

  1. El wagneriano

Ronquido mayestático, rotundo, sonoro que produce en el ánimo del involuntario escucha una profunda sensación de anonadamiento y el extraño deseo de desaparecer en el anonimato absoluto.

Propio de Gobernadores civiles (incluidos los cesados y retirados), presidentes de consejos de administración, aspirantes al cardenalato y oficiales de juzgados municipales.

  1. El ursulino

Dotado de una suavidad engañosa, ni alto ni bajo, es persistente e insidioso. Tiene la característica condición de lo inofensivo e inocuo pero resulta, a la larga, inaguantable como el sonido de una gota de agua que se desprende de un grifo mal cerrado.

Estos roncantes son seres infelices que ignoran si van o vienes; inseguros de lo que realmente desean, poseen una personalidad ambigua, dominada por una constante inhibición hacia el sexo contrario.

  1. El intermitente

Es el más ofensivo de los ronquidos. Como las pautas silenciosas se producen a intervalos irregulares, el desconocimiento de las mismas llega a causar una autentica sensación de ansiedad. La espera está tan llena de intensidad como de desazón y desesperanza.

Roncan así los auténticos pelmazos. Esos seres felices que ignoran que su repentina aparición en una tertulia causa la misma consternación que un pedrisco entre los cultivadores del melocotón.

  1. El ronquisilbido asmático

Mezcla de pitido y ronquido en ocasiones y separadamente los dos componentes, en otras, esta modalidad produce en los oyentes fumadores un efímero propósito de dejar el tabaco (que se olvida tras el primer café del día), y en los no fumadores el inconfesable temor a un contagio por el oído.

Este ronquido es habitual entre las personas que, en alguna época de su vida, han desempeñado tareas en ferrocarriles y buques mercantes. Es frecuente, también, entre los árbitros de fútbol.

Existen otras clases de ronquidos que no vamos a describir aquí y ahora por resultar, más o menos, una mezcla de los principales elementos contenidos en los ya descritos.

Entre mis sueños más acariciados se encuentra el de escuchar mis ronquidos en directo, es decir, sin intervención de cintas magnetofónicas o similares. Pero comprendo que va a ser difícil de realizar pues, hasta ahora, siempre que ronco da la casualidad de que estoy dormido.

Pedro Martínez Rayón, Reflexiones con sordina, Foz, 1986